Hoy desde esta majestuosa plaza que lleva el nombre de nuestro Libertador Simón Bolívar, quiero agradecerle a Dios y al pueblo colombiano por brindarme el honor de conducir los destinos de la Patria.

Hoy llega a la Presidencia de Colombia una nueva generación, motivada por el servicio y no por el ejercicio vanidoso del poder, comprometida con el futuro y sin anclas y prejuicios en el pasado, inspirada en la justicia social y en la seguridad como el cimiento de nuestras libertades, y dedicada a promover el entendimiento, el trabajo en equipo y la construcción de consensos. Es una generación llamada a gobernar libre de odios, de revanchas, de mezquindades y con el mandato de millones de compatriotas de hacer de nuestro país una tierra grande donde los símbolos de nuestro tricolor retomen su significado.

En alguna ocasión el célebre Darío Echandía se preguntó ¿El poder para qué? Su humildad elocuente era una invitación para reflexionar y no olvidar que gobernar es un camino que sólo deja legados cuando se cimienta en los principios. La diplomacia sin principios es hipocresía, la democracia sin principios conduce a la anarquía, la política sin principios se transforma en corrupción y el poder sin principios se transforma rápidamente en autoritarismo. Por eso quiero gobernar a Colombia con valores y principios inquebrantables, superando las divisiones de izquierda y derecha, superando con el diálogo popular los sentimientos hirsutos que invitan a la fractura social. Quiero gobernar a Colombia con el espíritu de construir y nunca destruir.

El BICENTENARIO

Este compromiso que asumo hoy está basado en nuestra historia. El próximo año estaremos celebrando el Bicentenario de la Independencia de Colombia y el nacimiento pleno de nuestra identidad republicana como Nación. Este será el gobierno del Bicentenario y todos construiremos la Colombia del Bicentenario, para lo cual, más allá de las celebraciones tradicionales, debemos hacer reflexiones profundas sobre nuestro pasado y nuestro futuro.

El Bicentenario nos debe llevar a recordar cómo nuestros Padres de la Patria fueron capaces de dejar sus egos para forjar un propósito común. La impronta imborrable de Bolívar, Santander, Sucre, Córdoba, Urdaneta, al igual que los valientes lanceros que se crecieron en la batalla de Boyacá para entregarnos la libertad, nos debe reafirmar lo grande que somos y podemos ser cuando trabajamos con objetivos compartidos. Cuando nos unimos como pueblo nada nos detiene. Cuando nos sumamos, cuando somos capaces de aportar y de hacer realidad todo lo que nos proponemos unidos, somos capaces de lograr proezas que ni siquiera el realismo mágico es capaz de imaginar.

El pasado también nos enseña que los dogmatismos pueden llevarnos a fracasos. El amanecer independentista fue opacado por la Patria Boba, y durante varias décadas de la República las guerras entre hermanos que dejaron dolor y muerte, y las rencillas de la pequeña política, trajeron consigo inestabilidad institucional y retrasos en el proceso de desarrollo.

La historia de Colombia nos deja en evidencia que somos una nación valiente, que no se amaina al primer ruido. Y por grandes que sean las adversidades es más grande nuestro deseo de progresar y de triunfar. Yo no me canso de decir que Colombia es RESILIENCIA. Hemos sido capaces de construir un vigoroso y aparato productivo en medio de tres cordilleras y difíciles laderas, hasta convertirnos en una economía pujante que el mundo reconoce y que se ha ganado el respeto de la comunidad inversionista. Hemos sido capaces de lograr que la pobreza se reduzca, que se expanda la clase media y que tengamos una cobertura de salud y educación que nos permite soñar con mejores progresos.

Y también sea esta la ocasión para destacar la valentía y el fervor de nuestras Fuerzas Militares y de Policía, que han enfrentado la crueldad de los criminales, la anarquía del terrorismo y la codicia del narcotráfico, saliendo siempre victoriosas y demostrándoles a los violentos que nunca van a ganar espacio en esta democracia.

Pero, colombianos, analizar el pasado también tiene que ser la oportunidad para reconocer que existen problemas que se crecieron, problemas que envejecieron mal y que en repetidas ocasiones se han transformado en terribles amenazas.

Así ocurrió con el abandono de muchas regiones, con el narcotráfico, con la corrupción, con el clientelismo, con la falta de acceso a oportunidades de muchas comunidades.

Ser una nación resiliente que sabe transformar las adversidades en oportunidades es la razón por la cual debemos aprovechar el Bicentenario para corregir el pasado y construir el futuro que reclama Colombia. No puede haber egoísmos en esta tarea. Gobernar a Colombia requiere grandeza para mantener lo que funcione, corregir lo que sea necesario y construir nuevas iniciativas, instituciones y programas que le aseguren nuestro país en un entorno genuino y poderoso de JUSTICIA SOCIAL.

RETOS DE HOY

Hoy más que nunca tenemos que ser capaces de mirar a nuestra Nación con optimismo y sin dejar de enfrentar la realidad y llamar las cosas por su nombre.

Hoy Colombia enfrenta enormes retos. Recibimos un país donde más de 300 líderes sociales han sido asesinados en los últimos dos años. Los cultivos ilícitos se han expandido y lo han hecho exponencialmente. Bandas criminales aumentan su capacidad de daño en varias regiones del país. Y se han hecho promesas y compromisos con organizaciones sociales sin asegurar su financiamiento.

Hoy los invito a que tengamos el valor de recuperar la palabra del Estado. La creación desordenada de agencias y programas está acrecentando la desconfianza ciudadana y la frustración de beneficiarios de estas iniciativas, incluidas las víctimas y las regiones golpeadas por la violencia.

En materia económica está claro que se han cometido errores que nunca más se deben volver a repetir. Una política tributaria basada en la expansión del gasto ha llevado a que los impuestos se conviertan en asfixia para muchos empresarios y que se afecten el ahorro, la inversión, la formalización y la productividad. La equivocación de haber ampliado el presupuesto nacional, basada en la ilusión de una bonanza petrolera transitoria, ha traído consigo la incapacidad de fijar nuevos ingresos, pero lo que es aún más grave, llevó al Estado a cometer el grave error de pretender cambiar petróleo por impuestos.

Eso, eso que fue un error imperdonable, ha golpeado el bolsillo de consumidores y de los hogares.

La cantidad de trámites engorrosos, la proliferación de ventanillas, sumado a la inestabilidad jurídica por cambios regulatorios abruptos, ha traído consigo también el deterioro del clima de negocios en sectores que son necesarios para el presente y el futuro del país.

Nos duelen –nos duelen mucho– los constantes escándalos de corrupción que se ven en la alimentación escolar, en el sistema de salud, en proyectos de infraestructura, en los abusos de la contratación directa o en los peligrosos carteles de únicos proponentes, que están deslegitimando al Estado, que han llevado al malgasto de recursos y que han privado a miles de ciudadanos de servicios esenciales y por eso tenemos que actuar con visión de inmediatez.

CONSTRUIR EL FUTURO

Saber valorar lo que somos, lo que somos y hemos sido como país, es la base para construir un mejor futuro. Ser honestos y saber llamar las cosas por su nombre y abordar los retos con optimismo y compromiso es lo que tenemos que hacer. Y esta debe ser la tarea nuestra para los próximos años. Los invito a todos a que construyamos un gran pacto por Colombia, a que construyamos país, a que construyamos futuro y a que por encima de las diferencias estén las cosas que nos unen.

No se trata de pensar igual, no se trata de unanimismos, no se trata de eludir las sanas discrepancias que son propias de la democracia. Se trata de ser capaces de darle vida a los consensos. De que además seamos una nación grande, una nación sólida y una nación segura. Siempre he dicho y lo seguiré diciendo que aquí lo que esperan los colombianos son soluciones y No Agresiones. Quiero ser el Presidente que forje y logre esos acuerdos pensando en lo que necesita Colombia, sin caer en la tentación del aplauso transitorio.

PACTO POR LA LEGALIDAD

Esa es la base. Esa es la base de soñar y de soñar además con una Colombia de legalidad. Quiero una Colombia donde todos podamos construir la paz, donde se acaben esas divisiones falaces entre amigos y enemigos de la paz, porque todos la hemos querido y todos queremos construirla. Por el respeto a Colombia y por el mandato ciudadano que hemos recibido, desplegaremos correctivos para asegurar a las víctimas verdad, justicia proporcional, que reciban también la reparación efectiva y que no exista repetición en ningún lugar del territorio.

También corregiremos fallas estructurales que se han hecho evidentes en las implementaciones. Las víctimas de Colombia deben contar con que habrá verdadera reparación moral, reparación material, reparación económica por parte de sus victimarios y que nunca, ¡nunca!, serán agredidas por la impunidad.

Creo en la desmovilización, en el desarme y en la reinserción de la base guerrillera. Muchos de ellos fueron reclutados forzosamente o separados de su entorno por la intimidación de las armas. Estoy convencido y comprometido con buscar todos los días para la base de esas organizaciones, oportunidades productivas y velar por su protección. Y también nos esforzaremos por la provisión de bienes públicos en todas las regiones del país, empezando por las que han sido golpeadas de manera dolorosa por la violencia.

Colombianos, la Paz la tenemos que construir todos y para ello debemos tener claro la importancia de contar con una cultura de legalidad sustentada sobre la premisa esencial de que una sociedad donde la seguridad y la justicia van de la mano, garantizan la aplicación de la ley, no habrá forma para que la violencia amenace las libertades individuales.

Ha llegado el momento de que todos, absolutamente todos, nos unamos para enfrentar la ilegalidad. Que nosotros recorramos el territorio y le digamos a todos los grupos armados que secuestran y trafican, que trafican con drogas y pretenden además ganar beneficios mimetizando sus actividades con perfumes ideológicos, sencillamente que a partir de ahora vamos a declarar ante el Congreso de la República con una reforma constitucional, que ni el narcotráfico ni el secuestro serán reconocidos como un delito conexo con el delito político. Y que además no podrán ser en adelante y en ninguna circunstancia elementos para financiar, promover u ocultar ninguna causa.

Hoy mismo presentaremos ante el Congreso de la República ese acto legislativo.

Construir la paz, colombianos, también significa que derrotemos los carteles de la droga que amenazan distintos lugares del territorio nacional. Vamos a ser efectivos en la erradicación y sustitución de cultivos ilícitos de la mano con las comunidades, en la puesta en marcha también de proyectos productivos y vamos a romper las cadenas logísticas de abastecimiento de las estructuras del narcotráfico.

No vamos a permitir que los “disidentes”, que los “combos”, que los “clanes” y las mal llamadas “oficinas” sigan haciendo de las suyas en la Costa Pacífica, en nuestras fronteras y en ningún lugar del territorio. Velaremos por la sanción efectiva de quienes pretendan reincidir o burlarse de las víctimas ocultando bienes o recursos necesarios para la reparación.

Pueden tener la certeza de que como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y en colaboración con las autoridades judiciales vamos a actuar en todo el territorio nacional y vamos a desarticular esas redes de crimen organizado y llevarlas ante la Justicia, haciendo valer ese principio de que el que la hace, la paga.

Agradezco de corazón a los países que nos han apoyado y nos han expresado el respaldo a esta agenda. Y valoro muchísimo el apoyo que henos recibido de los Estados Unidos para ser efectivos en la derrota del crimen transnacional.

Quiero ser claro. Durante los primeros 30 días de nuestro gobierno vamos a realizar una evaluación juiciosa, prudente y analítica en detalle de lo que han sido los últimos 17 meses de conversaciones que ha adelantado el gobierno saliente con el ELN. Nos vamos a reunir con las Naciones Unidas, con la Iglesia Católica y los países que han venido apoyando dicho proceso, para que en el marco de la independencia institucional nos den su opinión sobre el mismo.

Pero quiero dejar claro, quiero dejar absolutamente claro, que un proceso creíble debe cimentarse en el cese total de acciones criminales, con estricta supervisión internacional, y tiempos definidos. Queremos avanzar, pero para avanzar hay que dejar la impronta de que el pueblo colombiano no se va a dejar intimidar por la violencia ni presionar por la violencia de ninguna forma.

La legalidad implica que trabajemos por la seguridad ciudadana. Que tengamos mecanismos para georreferenciar el delito, que desarticulemos las estructuras, que persigamos los jíbaros que inducen a los niños a la tragedia de la droga, que sancionemos con cadena perpetua a los proxenetas, a las “Madames”, a los violadores y asesinos de menores y de mujeres, y que nos concentremos en una agenda de prevención del crimen. Legalidad significa que formemos una sociedad de valores, que desde edad temprana formemos en cívica, urbanidad y respeto. Significa que creemos esa muralla ética que blinda en el corazón de los colombianos cualquier tentación de la criminalidad en estricto apego a los valores de familia.

Quiero invitarlos a que construyamos una cultura de legalidad enfrentando con todas nuestras fuerzas la corrupción. Le prometí a Colombia que como Presidente asumiría esa tarea con entusiasmo y hoy les anuncio que vamos a empoderar a todo el pueblo colombiano para denunciar a los corruptos y que ellos sepan que todos los estamos mirando, los vamos a señalar y los vamos a perseguir.

Endureceremos las penas a los corruptos y les aplicaremos que no tengan casa por cárcel ni reducción de penas. Vamos a sancionar severamente a las empresas, sus dueños y sus gestores que corrompan funcionarios, prohibiendo además su contratación con el Estado a perpetuidad. Vamos a promover los pliegos tipo –como lo dijimos en campaña– en todos los sectores del Estado y vamos a limitar a tres períodos la presencia en cuerpos colegiados de elección popular. Pero también vamos a hacer imprescriptibles los delitos contra la administración pública y vamos a hacer de la declaración de bienes un deber consignado en la Constitución. Hoy ante ustedes, con agrado, con amor y complacencia, les anunció que hoy mismo radicamos este paquete anti-corrupción ante el Congreso de la República. Porque la defensa de la ética pública es de todos y juntos la vamos a construir.

El camino de la legalidad demanda que nosotros también trabajemos entre el Ejecutivo, el Legislativo y el poder judicial en una reforma a la Justicia que la haga más eficiente, más cercana al ciudadano, más confiable y que nos permita garantizar oportunamente los derechos de todos los colombianos. La reforma a la Justicia no da espera, porque la mora judicial, el hacinamiento carcelario, los procesos interminables o la precaria tecnología con la que operan nuestros despachos judiciales, ha hecho que sencillamente los ciudadanos pierdan la esperanza.

Yo quiero que en este propósito de reformar la justicia nos propongamos fortalecer las primeras y las segundas instancias. Que nos propongamos tener el expediente electrónico y sobre todo que en todos los lugares del territorio los colombianos sientan que la justicia es su mayor garantía para poder respirar la libertad.

Legalidad también significa mejorar las condiciones de la Fuerza Pública, brindarles acceso de calidad a bienes y servicios. Significa que presentemos rápido la Ley de veterano. Y significa que además se traduzca esa ley en un mejor tratamiento por parte de la sociedad a quienes dan su vida por nosotros.

Hoy quiero decirles a los soldados y policías de la Patria que vamos a promover un marco institucional y jurídico serio y riguroso para que puedan cumplir su deber constitucional en estricto apego a los Derechos Humanos, sintiendo el de todo corazón el afecto del pueblo. Como diría nuestro Padre de la Patria Francisco de Paula Santander “un país que sabe honrar a sus héroes, es un país que sabe forjar su futuro”.

Legalidad significa defender la vida de todos los colombianos y proteger la integridad de los líderes políticos y sociales, y de nuestros periodistas.

Nos duele cada homicidio, nos duele cada ataque, nos duele cada amenaza. Y por eso vamos a trabajar con la Defensoría del Pueblo, con la Procuraduría General de la Nación y con la Fiscalía para prevenir la violencia contra ellos y sancionar ejemplarmente a quienes han obrado como autores intelectuales y materiales de los crímenes e intimidaciones que enlutan, que duelen, que carcomen el sentimiento de amor patrio.

Esta tarea es de todos. Sí, es de todos, y todos los colombianos debemos rechazar cualquier forma de violencia que pretenda acallar las voces libres de nuestros ciudadanos.

Esa legalidad construida por el matrimonio de seguridad y justicia nos garantizará el balance que se encuentra en el escudo de Colombia y dice LIBERTAD Y ORDEN.

PACTO POR EL EMPRENDIMIENTO

Yo creo que esa Colombia de legalidad tiene que ir acompañada también de un Pacto por el Emprendimiento. Así como valoramos la legalidad, ha llegado el momento de hacer del emprendimiento la base de nuestro progreso económico y social.

Colombia debe ser un país de micro, pequeñas, medianas y grandes empresas que progresen de manera sostenible para garantizar calidad de vida.

Por eso vamos a proponer un programa de reactivación económica que nos permita, con responsabilidad fiscal, tener un sistema tributario que ayude al desarrollo productivo, a la inversión, a la formalización, a la productividad, a la competitividad.

Vamos a eliminar los gastos innecesarios en el Estado, vamos a hacer más efectiva la administración pública, vamos a adoptar la facturación electrónica y a mejorar los sistemas de fiscalización, además de hacer más eficiente, progresivo y equitativo el sistema tributario.

Eso nos va a permitir que logremos cumplir la meta que nos trazamos de aumentar el recaudo mientras bajamos impuestos a los que generan empleo y mejoramos los ingresos de los trabajadores.

Esta tarde lluviosa pero al mismo tiempo alegre es la tarde que nos tiene que invitar a que implementemos todas las reformas estructurales necesarias para garantizar la sostenibilidad de nuestras finanzas públicas.

Vamos a garantizar que nuestro crecimiento económico potencial supere el 4 por ciento del PIB.

Vamos a hacer de nuestra economía una economía libre de trámites innecesarios. Vamos a darles a los sectores productivos como el campo el impulso de poder llevar la inversión y que esta vaya de la mano con la promoción de la generación de empleo de calidad, llevando bienes públicos y estimulando ese matrimonio necesario entre la agroindustria y el pequeño campesino.

Nos la vamos a jugar por las industrias creativas, por la Economía Naranja. Nos la vamos a jugar para que este país tenga la posibilidad de ver en los emprendedores tecnológicos unos nuevos protagonistas del progreso. Que el internet de las cosas, que la robótica, que la impresión en 3D, empiecen a ser de Colombia ese centro de innovación que tanto nos merecemos.

Todos los sectores productivos del país pueden estar tranquilos, porque aquí no vamos a tener hostilidad con ninguno. Pueden estar tranquilos, que el Estado va a dejar de ver a los sectores productivos como una vaca lechera que la ordeña para que el Estado gaste más.

En nuestro Gobierno el empresario y el Estado y los trabajadores van a trabajar de la mano, porque el éxito de los trabajadores y el éxito de los empresarios es el éxito que necesita Colombia y el que vamos a construir.

Vamos a diversificar nuestra producción y nuestras exportaciones para que haya mentefacturas, para que dejemos de depender tanto en recursos que tarde que temprano se van a agotar y le agreguemos valor con nuestras marcas, nuestros diseños, nuestra inventiva y nuestra creatividad.

Quiero que los jóvenes de Colombia sientan que aquí van a tener un Gobierno donde su creatividad y su impulso empresarial vaN a ser el protagonista de una generación que quiere conquistar al mundo.

Quiero que las palabras y los sueños de los actores, los artistas, los fotógrafos, los directores de cine, los animadores digitales, los científicos, los médicos, los agroindustriales, los que están trabajando en la biotecnología, se conviertan en los términos que acaben para siempre, palabras como cabecillas o patrones o criminales.

Esa Colombia es posible y esa es la visión que hoy le estamos trayendo a cada rincón del territorio.

Esa cultura que viene con la legalidad y el emprendimiento tiene que tener como propósito la equidad.

Este tiene que ser el Gobierno de la Justicia Social. Este tiene que ser el Gobierno que sepa cerrar las brechas entre ricos y pobres. Este debe ser el Gobierno que cierre las brechas entre las regiones que acarician el desarrollo y las que se han sentido olvidadas porque el Estado no ha estado presente.

Yo quiero que esa equidad añorada empiece por la educación. Que nosotros miremos al Pacífico, que miremos a La Guajira, que miremos a la Orinoquía, a la Amazonía, a muchas regiones que no han tenido siempre la protección requerida para que desde la educación, al igual que en todo el territorio, nos demos ese derecho anhelado de tener la jornada única con doble alimentación, que tengamos la formación integral desde la primera infancia, que tengamos la doble titulación de los bachilleres, que tengamos además el acceso a la gratuidad de la educación universitaria, apelando también a la tecnología.

Quiero que la educación se convierta en la herramienta transformadora que tanto claman los jóvenes de Colombia, para que tengan las oportunidades.

Esa Colombia de equidad también es la Colombia de la reforma a la salud. Se van a acabar los abusos de las EPS. Se van a acabar los abusos de los que han querido esquilmar cada manejo de medicamentos.

Vamos a despolitizar los hospitales públicos, a hacer el saneamiento financiero del sistema de salud, y óiganlo bien, vamos a hacer de la prevención, de la promoción y del paciente, el objetivo de un sistema de salud pensando en la equidad colectiva.

Esa Colombia de equidad es la misma que reclama de nosotros una atención al adulto mayor, que pide una reforma pensional donde los subsidios dejen de estar concentrados únicamente en los que tienen mayor ingreso.

Queremos una reforma pensional para los más pobres. Queremos que el programa Adulto Mayor pueda girar mensualmente los recursos y que progresivamente les aumentamos los recursos a nuestros abuelos, que necesitan una atención de cariño por parte del Estado colombiano.

La Equidad también significa que en los programas de vivienda le demos espacio al mejoramiento, le demos espacio a los programas de arriendo con opción de compra, que podamos llevar la vivienda a lugares apartados y que les permitamos a las familias construir ese sueño del ahorro porque van a tener un sistema financiero con productos diseñados para aliviar sus condiciones y permitirles centrar su vida en el ahorro para sus hijos y en tener un techo propio.

Equidad significa que nosotros proveamos el acueducto y el alcantarillado en las zonas rurales.

Equidad significa que no mueran más niños de hambre por la falta de atención oportuna del Estado.

Equidad significa construir una paz social.

Equidad significa que nosotros no acudamos más al populismo que pretende por decreto tratar de reducir la pobreza. La vamos a reducir porque lo haremos desde una economía de mercado pero con sentido social.

Lo haremos porque tenemos la convicción patriótica de que en cada lugar del territorio donde llegue un programa del Estado tiene que estar enfocado en reducir las brechas y en dar oportunidades, y nunca más en llenar los bolsillos de los inescrupulosos.

La equidad significa colombianos que apostemos por la cultura y el deporte.

Yo estoy convencido, como lo dijo en alguna ocasión Federico Garcia Lorca cuando fue a inaugurar la biblioteca de su pueblo, Fuente Vaqueros, en España, que hay que entregar un pan y un libro, porque no hay peor hambre que el hambre de conocimiento, que no se puede saciar.

Y quiero que este sea el Gobierno que acerque la cultura a los ciudadanos, que acerque la música a los niños, que acerque la literatura, que acerque las artes y que esos sean los instrumentos también donde el talento se convierte en riqueza y oportunidades.

Este será el Gobierno donde la equidad también toque el deporte. No solamente vamos a impulsar que el deporte tenga un ministerio con responsabilidad fiscal, sino que nosotros hagamos del deporte un patrimonio donde en todas las regiones de Colombia haya alto rendimiento, haya deporte para la convivencia y el deporte se convierta en un serio disuasor de malos hábitos.

Esa Colombia que los invito a construir, a soñar, a trabajar todos los días y que nos involucra a todos, que tiene consigo legalidad, emprendimiento y equidad, también demanda que la sostenibilidad y la protección del medio ambiente estén afincados en la mente y en los hogares colombianos.

Debemos proponernos que en estos cuatro años crezcamos como nunca antes, como nunca antes, las energías renovables. Que nosotros enfrentemos la deforestación, que les demos impulso a los vehículos eléctricos, que protejamos nuestras cuencas, nuestros páramos, nuestra riqueza submarina, nuestra riqueza montañosa. Y que tengamos en cada colombiano esa conciencia de reducir la huella individual de carbono y sobre todo, que no haya un solo sector productivo que no tenga consigo la consigna de producir conservando y conservar produciendo. Ese respeto por el medio ambiente.

Ese compromiso que asumimos también debe ir de la mano con que este país le apueste a la ciencia, a la tecnología y a la innovación.

Vamos a restablecer la Comisión de Sabios. Vamos a trabajar con las universidades, vamos a trabajar fortaleciendo el sistema de regalías para que los recursos no queden atrapados y vayan a la investigación que se requiere.

Y vamos a hacer todo lo posible, todo lo necesario para que dupliquemos el aporte de la ciencia y la tecnología al Producto Interno Bruto colombiano.

Ese es el Pacto por Colombia. Ese es el pacto que tenemos que empezar a construir todos. Ese es el pacto que empieza por rechazar el odio.

Todos estos propósitos nacionales, todos estos propósitos que queremos labrar tienen que ir de la mano con un país que también mira ante los ojos del mundo buscando la cooperación con otros países.

Y también reclama de nosotros que en defensa de los valores democráticos, nosotros rechacemos cualquier forma de dictadura en el continente americano, que la denunciemos y que no tengamos miedo a decir las cosas por su nombre. Porque nuestra actitud no es belicista, nuestra actitud es democrática y estaremos en todos los escenarios internacionales defendiendo la Carta Democrática Interamericana.

El GRAN PACTO POR EL FUTURO

Yo, como un colombiano más, he estado recorriendo durante varios años el territorio compartiendo estas ideas.

Todos tenemos que proteger nuestros territorios, proteger nuestras fronteras, proteger nuestra riqueza. Todos tenemos que ponernos esa camiseta que se llama Colombia.

Todos tenemos que apostarle a un gobierno que empiece a hacer cambios estructurales. Y ya empezamos a hacerlo.

A mí me honra iniciar esta tarea al lado de la primera mujer Vicepresidenta en la historia de Colombia, Marta Lucía Ramírez.

A mí me honra que durante la campaña dijimos que tendríamos un gabinete de personas expertas en sus materias, que no respondieran a cálculos políticos sino a su vocación de servicio y a sus resultados. Y le cumplimos al país.

Y también me honra de haberle propuesto a los colombianos el primer Gabinete paritario entre hombres y mujeres. Y hoy se posesiona en la Casa de Nariño.

Esa es la Colombia del futuro, la que se construye desde el presente. Vamos todos a trabajar por ese Pacto. No dejemos que el odio nos quite la esperanza. No dejemos que las fracturas que algunos promueven nos distraigan de ese gran objetivo.

No más divisiones entre izquierda y derecha. Somos Colombia.

No más divisiones entre socialistas y neoliberales. Somos Colombia.

No más ISMOS. Somos Colombia.

Me honra invitarlos a que emprendamos este camino. Es un honor estar en esta plaza con tanta historia.

Es un honor para mí hablarle a todo este país que quiero con el corazón y para todos los colombianos a los que voy a dedicar este compromiso ineludible de servirlos con afecto.

Nuestro Gobierno va a estar permanentemente el diálogo con las regiones. Vamos a estar realizando cada semana los talleres Construyendo País, escuchando las necesidades de los ciudadanos. No pretendemos llegar con baritas milagrosas o soluciones inminentes o inmediatas. Muchas tomarán tiempo y requerirán el trabajo compartido pero vamos a empezar a hacerlo.

Yo no reconozco enemigos. Yo no tengo contendores políticos. Mi único deseo es gobernar para todos y con todos los colombianos.

Yo he dicho que no pretendo ser un Presidente encumbrado y encerrado en el Palacio. Mi palacio es el corazón del pueblo colombiano.

Vamos, vamos todos a trabajar. Vamos a trabajar con el Congreso de la Republica, vamos a trabajar en armonía, buscando inversiones en las regiones e inversiones estratégicas que repercutan en la calidad de vida de los ciudadanos. Pero sin dádivas, sin prebendas, sin canonjías, sin acuerdos burocráticos, sin “mermelada”. Porque el Congreso y el Ejecutivo trabajan bien cuando hay respeto, cuando hay vocación.

Y con el Congreso vamos a presentar una reforma política para eliminar el voto preferente, para que tengamos la democracia al interior de los partidos, para que tengamos un financiamiento público que garantiza siempre la transparencia.

Para mí es imposible terminar este discurso sin rendirle un homenaje a este Congreso, donde pasé los últimos años de mi vida pública. Donde tuve el honor y el privilegio de trabajar al lado de quien me invitó a rendirle ese servicio a la Patria, el ex presidente y amigo Álvaro Uribe Vélez. Gracias por su servicio a la patria.

Este Congreso y el Ejecutivo les van a demostrar a Colombia que somos capaces de gobernar todos pensando en el sano debate de las ideas. Que no le vamos a tener miedo a concertar políticas, a buscar lo que Colombia necesita.

Colombianos: hoy me siento orgulloso de ser su Presidente. Me siento orgulloso de darles mi vida. Me siento orgulloso de entregarme por ustedes.

Hoy les rindo un homenaje a mis ancestros antioqueños y tolimenses.

Hoy recuerdo la memoria de mi padre y sus enseñanzas de hacer la vida pública con las manos limpias y siempre estar dispuesto a mirar con el cuerpo erguido y con la frente en alto.

Hoy me siento orgulloso de compartir todo mi amor con mi madre, Juliana Márquez, a quien le debo su cariño y su valor por el servicio social.

Hoy le agradezco a mi esposa María Juliana, a mis hijos Luciana, Matías y Eloísa, que son mi vida y que me han permitido con su cariño y entendimiento hacer una campaña, hacer un servicio en el Congreso y ahora hacer un servicio a la Patria entregando cada minuto todas mis fuerzas.

¡Vamos colombianos a trabajar por el progreso! ¡Vamos a trabajar por ese desarrollo! ¡Vamos con ilusión, vamos con alegría, vamos por la felicidad colectiva!

Que Dios bendiga a Colombia.

Muchísimas, muchísimas gracias.

 

Fuente: mindefensa.gov.co